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CENTENARIO DE ALLENDE:   Gabriel Garcia Marquez dice que Allende se quedo en nuestras vidas para siempre


En el artículo ''La Verdadera muerte de un Presidente'', escrito hace varias décadas, Gabriel García Márquez rinde tributo al primer presidente socialista electo por el pueblo en América Latina.

El escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez retrata, en un artículo relacionado con el asesinato de Salvador Allende, su visión de quien fuera el primer presidente socialista electo por el pueblo en América Latina.

García Márquez señala que el apego a la legalidad y a la carta constitucional chilena que tenía Allende fueron de alguna manera su propia condena.

La defensa de su mandato y de la legislación burguesa complotaron al punto de terminar justificando su propia muerte.

LA VERDADERA MUERTE DE UN PRESIDENTE

A la hora de la batalla final, con el país a merced de las fuerzas desencadenadas de la subversión, Salvador Allende continuó aferrado a la legalidad.

La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado, y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa.

La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno, sino desde el poder.

Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó convertida en el refugio de un Presidente sin poder.

Resistió durante seis horas con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás.

El periodista Augusto Olivares, que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la asistencia pública.

Hacia las cuatro de la tarde, el general de división Javier Palacios logró llegar hasta el segundo piso, con su ayudante el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí, entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de Dragones Chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando. Llevaba en la cabeza un casco de minero y estaba en mangas de camisa, sin corbata y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano.

Allende conocía al general Palacios. Pocos días antes le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso, que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vio aparecer en la escalera, Allende le gritó: "Traidor", y lo hirió en la mano.

Allende murió en un intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los oficiales, en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último un oficial le destrozó la cara con la culata del fusil.

La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del periódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que a la Sra. Hortensia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.

Había cumplido 64 en el julio anterior y era un leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible.

Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros, y era de una galantería un poco a la antigua, con esquela perfumadas y encuentros furtivos.

Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la voluntad de los partidos de la oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro.

El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo, que se quedó en nuestras vidas para siempre.

Gabriel García Márquez

Allende - Centenario



Fecha: 2008-06-21

Fuente: TeleSUR

Idiomas: Russian language

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Eugenio Aguilera
[23 enero 2012] - Lunes
Realmente, como decían los clásicos, todo parece repetirse, pero... a un nivel más elevado. Por ejemplo, durante todo el siglo XIX la clase dominante de entonces estuvo tratando de restablecer la monarquía que habían conmovido y desplazado las revoluciones inglesa y francesa. No lo pudo hacer. Entonces la tarea consistía en establecer el capitalismo, que para esa época devenía sistema progresista comparado con el feudalismo absolutista que derribaran ambas revoluciones mencionadas más arriba. En el siglo XX el capitalismo en su etapa imperialista se convierte en un sistema social retrógrado e injusto desde todo punto de vista, en un sistema que trata de sujetarse en sus dominios por todos los medios a su alcance. Allende no murió defendiendo a la corte suprema chilena ni el derecho burgués, ni la legitimidad presidencial ni menos aún el parlamento chileno. Murió defendiendo su palabra de honor, que le había dado al pueblo chileno que creyó en él. Y además, murió derribando el sistema imperialista. Por primera vez en la Historia de América Latina, un presidente elegido constitucionalmente fue fiel a su palabra hasta la muerte. No renunció a su cargo, no se entregó a fuerzas infinitamente superiores en número y cayó defendiendo sus principios, sus convicciones, porque sabía perfectamente que, para ese momento histórico, su combate hasta las últimas consecuencias era el único recurso para lograr un día la victoria definitiva. Fue un Prócer, un hombre iluminado por el conocimiento de una senda que la Humanidad aún deberá recorrer. Porque... indudablemente algún día todos los hombres volverán a ser hermanos. Y los iluminados lo saben. Sed siempre buenos. Eugenio.

Leo
[22 junio 2008] - Domingo

Cierto que el escrito de Gabriel García Márquez tiene algunas imprecisiones, como la del mes de nacimiento de Allende y también en el análisis. Ahora, lo escrito marca precisamente la línea de fuego entre los que profesaban la posibilidad de construir una sociedad más justa en los marcos de una democracia burguesa y los que jamás creyeron en que eso era posible... Lamentablemente los últimos tenían razón para ese momento histórico. Después de eso han sucedido cosas trascendentales en el mundo, como son el derrumbe del sistema socialista mundial y la imposición planetaria del modelo neoliberal, que pretende perpetuar al capitalismo como la última y definitiva fase de desarrollo de la humanidad.

No es la primera vez que, ingenuamente, intentan eternizarse a través de la apología teórica: Todos los imperios han presentado teorías «a la pinta» por encargo o de la pluma de sus aduladores, donde se mostraban como Los Elegidos, Herederos de Dios, Semidioses, Faraones, Emperadores, Monarcas, Iluminados, etc. y siempre sucumbieron ante las implacables leyes de desarrollo de la humanidad, ante el progreso.


«Nada ha cambiado bajo este cielo, la irreverente historia sigue su progresista curso, regida por leyes propias y no por deseos»


manuel
[21 junio 2008] - Sábado
quisiera hacer un alcanze ,allende lucho siempre en democracia ,y se valio de esta para cambiar las cosas.fue un presidente elegido por libre eleccion del pueblo el primer presidente socialista elegido en votacion popular.pero allende era un revolucionario ejemplar.cuando la situacion se hizo insostenible el hizo lo que correspondia .defender la constitucion y las leyes ante eso debio hacer uso de su arma.un verdadero revolucionario ,valiente y decidido .su entrega por la patria nunca sera olvidada testimonio es su estatua frente a la moneda .que estara por siempre .viva allende ahora y siempre

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