EL DICTADOR NO RESURRECTO


Domingo 10 de diciembre de 2006

Por Rodrigo de Castro

Hasta el domingo pasado, muchos creían que habíamos dado vuelta a la página de la historia y que Pinochet era cosa del pasado, un tema judicial complejo y aún irresuelto, pero que no gravitaba mayormente sobre la política nacional. Grave error.

Esta semana fuimos testigos del retorno en gloria y majestad del general (R) y su familia.

Porque si de algo sirvió el infarto del patriarca fue para dejar al descubierto que la división del país aún sigue vigente –al menos en la clase política–, y también que nuestra sociedad padece de un mal crónico. Las heridas siguen tan abiertas como antes y la miseria moral continúa a la orden del día.

Por una parte, se equivocaron de lleno los que creían que la derecha de nuestro país se había renovado o que, como poco, estaba en vías de aceptar, aunque fuera a regañadientes, las reglas del juego democrático. Una prueba de ello son los senadores y diputados de la UDI y de RN –salvo su ala liberal– que, como en las películas de la Mafia siciliana, hicieron cola a la entrada del Hospital Militar para rendirle pleitesía al “padrino”. O sea, de vuelta a fojas cero. Como si los gravísimos crímenes de lesa humanidad, el enriquecimiento ilícito, el fraude al fisco, la falsificación de documentos públicos y pasaportes se les hubiera borrado de un plumazo de la memoria. ¿Cálculo político? Claramente no, porque el pinochetismo no aporta demasiados votos a la derecha. Entonces, ¿qué misterioso pacto de sangre sigue uniéndola al dictador y a su clan familiar? ¿Qué secretos se mantienen aún escondidos en algún recóndito armario, que hacen que estos políticos se envilezcan públicamente rindiendo pleitesía a un personaje reconocido como criminal en el mundo entero?

Pareciera que no se dieran cuenta que con su actitud no sólo se degradan moralmente a sí mismos, sino también al país entero y a éste frente al mundo.

El senador RN Alberto Espina quiso alejarse del grueso del pelotón declarando que él no iría al entierro, pero esa misma noche algo lo hizo recular y manifestar que Pinochet se merecía un funeral de Estado. ¿Qué le pasó para que diera este giro de 180 grados?

Pero no sólo la derecha se prestó al lamentable espectáculo de esta semana. El propio Marco Antonio Pinochet nos recordó que su padre tiene una ambulancia con un médico y un enfermero en alerta las 24 horas del día. Por eso se salvó. En sólo siete minutos lo llevaron de La Dehesa al Hospital Militar. “Cualquier otra persona se hubiera muerto, porque una ambulancia se demora al menos media hora en llegar a la casa de un infartado...”, declaró ingenuamente el hijo. ¿Pero por qué Pinochet tiene una ambulancia para su exclusivo servicio? ¿Por qué ese trato especial? ¿Por qué también se le mantienen, a costa del Ejército –es decir, de todos los chilenos– cinco Mercedes Benz blindados con sus respectivos choferes y 43 empleados, entre secretarios, guardias del cuerpo, sirvientes, cocineros, jardineros y demás?

Asimismo, llamó la atención las horas que pasó el comandante en jefe del Ejército, Óscar Izurieta, en el Hospital Militar. “Fue su ex jefe”, dirán sus defensores, “le debe lealtad juramentada”. ¿Y qué pasó con la lealtad que Pinochet juró al Presidente Allende y al general y ex comandante en jefe del Ejército Carlos Prats, su protector y superior jerárquico, que la DINA asesinó por órdenes suyas?

Que el general (R) Juan Emilio Cheyre fuese a visitarlo se entiende. Fue injustamente apedreado por la horda pinochetista a la salida del hospital. Ellos, que no lo conocen, no saben que es un fiel y devoto servidor del nonagenario personaje.

Pero lo que dejó atónitos a muchos fue la visita del cardenal Francisco Javier Errázuriz. ¿Qué mensaje quiso dar a la opinión pública? “Visitar a un enfermo”, dijo. ¿Y qué pasa con las víctimas, la justicia y la decencia?

Aún más grotesco fue el espectáculo dado por el clan Pinochet, que ahora lanza libros en el Club de la Unión mientras el “capo” se recupera en la clínica convencido que jamás llegará a ser condenado por la justicia, porque sus abogados se las arreglarán para postergar los fallos mientras viva. Por no hablar del trato obsecuente que la mayoría de medios de prensa le otorga a esta especie de patética familia real criolla, transformada en regalona de la farándula televisiva.




Fecha: 2006-12-10

Por: Rodrigo de Castro

Fuente: La Nacion

Idiomas: Russian language

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Oscar Plaza