Resultados del encuentro de la comunidad chilena en Rusia con la Presidenta Michelle Bachelet

Probablemente quedaron muchas cosas que no se dijeron, pero lo central fue bien expuesto. La presidenta demostró interés y preocupación por lo planteado en el discurso central de la Asociación de Chilenos en Rusia, solicitó inmediatamente una copia de él, y en el lugar entregó algunas instrucciones a las autoridades chilenas allí presentes. Participaron los ministros chilenos del Exterior, Cultura, Subsecretarios y personeros de gobierno, científicos de la delegación, Senadores, Diputados, Alcaldes, nuestro Embajador Augusto Parra, Cónsul Manuel Lara y Agregado cultural de la Embajada Patricio Brickle.
 
Quizás, en parte, una de las claves de la elevada aprobación de Michelle Bachelet en las encuestas recientes sea su capacidad de escuchar. Algunos ocuparon la oportunidad del encuentro para felicitarla por su alta valoración (63%). Ahora, esto contrastaba con el discurso que pretendíamos presentar, además que como Asociación de una comunidad chilena en el exterior, y por principios estatutarios no podemos ni debemos involucrarnos en política.


He aquí el comentado discurso
:

Discurso central de la Asociación de Chilenos en Rusia - Leo Plaza - 04.04.2009

Moscú, 4 de abril de 2009



Señora Presidenta Michelle Bachelet.

En primer lugar, en nombre de la Asociación de Chilenos en Rusia, queremos darle a Ud. la bienvenida a Moscú, a la capital de un país que ocupa un lugar notorio en el ámbito político, social y económico internacional, a la capital de un país en el cual muchos de nosotros residimos desde hace ya más de tres decenios. Son nuestros más sinceros deseos de que los objetivos que han motivado su presente visita a la Federación Rusa alcancen un buen cumplimiento y redunden en beneficios indudables para nuestra Patria y para nuestros compatriotas. Porque es innegable que, en el mundo actual, en ese mundo que tantos cambios arduos está sufriendo cada día, el buen desarrollo de las relaciones Chile-Rusia y Rusia-Chile puede llegar a ser un factor determinante para el bienestar de dos países tan diferentes en su geografía y su idioma, pero tan afines en su cultura y su idiosincrasia.

Señora Presidenta, nuestra Asociación, en nombre de la cual hoy le dirigimos estas palabras, es una organización de carácter social, que se ha creado sin fines de lucro, una organización cuyo objetivo principal consiste en unir y representar a todos los chilenos residentes en Rusia, indiferentemente de las convicciones políticas, los credos religiosos o la posición social y económica de cada quien. Con la única salvedad: de que nuestra Asociación jamás apoyará convicciones, ideas, postulados o actos conducentes a sembrar la discordia entre los pueblos y países (en primer lugar, entre nuestros propios compatriotas), no apoyara ideas, postulados o actos conducentes a propagar el nazismo, el fascismo, la discriminación racial, social, cultural o religiosa, el culto a la violencia y a las injusticias.

Hecha esa salvedad, podemos decir con todo fundamento que la Asociación de Chilenos en Rusia ve como el leitmotiv de sus esfuerzos la conservación de la chilenidad en nuestros compatriotas residentes en el exterior, no sólo en quienes nos vimos obligados a acogernos al exilio treinta y cinco años atrás, en circunstancias ya de todo el mundo conocidas, sino también en quienes tuvieron que seguir nuestro ejemplo después, en los años de la dictadura, y por ende, en nuestros hijos y hasta en nuestros nietos nacidos en el extranjero. Y para nosotros el concepto de chilenidad no es una simple palabra carente de sentido, sino una realidad y una necesidad que abarca absolutamente todos los aspectos correctos de lo que significa ser chilenos: el idioma, la cultura, las tradiciones, las leyes por las cuales ostentamos nuestra condición de chilenos, nuestra identidad nacional. En otras palabras, al igual que la absoluta mayoría de casi un millón de nuestros compatriotas en el exterior, los chilenos en Rusia jamás nos hemos sentido ni hemos querido ser desarraigados de nuestra Patria, de esa Patria con mayúsculas, que por derecho de nacimiento, por derecho de sangre y por nuestra realización espiritual constituye lo más valioso que poseemos como seres humanos. Estamos absolutamente al corriente del haber político, económico, social y cultural de nuestro país. Y desde ese punto de vista, Señora Presidenta, quisiéramos hoy orientar estas palabras, en las cuales no hay resquemor, no hay críticas ni menos mala intención, sino sólo un deseo humano de hacernos oír, de hacer llegar a usted, y por su mediación, a todos nuestros compatriotas, realidades prácticas que hemos vivido y sufrido los chilenos en el exilio, realidades motivadas no precisamente por los países que nos han acogido, en nuestro caso, Rusia.

La primera de esas realidades está evidentemente relacionada con nuestra condición legal y jurídica. Es decir, con eso que nuestra propia Ley Chilena califica de "derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana." En este sentido, la Ley chilena es clara al afirmar que: "Es deber de los órganos del Estado respetar y promover tales derechos, garantizados por la Constitución chilena, así como por los tratados internacionales ratificados por Chile y que se encuentren vigentes"

Sobre la base de esta especificación legal, con conocimiento de causa, podemos pasar a exponer ciertas razones que desde hace ya muchos años consideramos absolutamente justas.

La primera está relacionada con los deberes y derechos esenciales del ciudadano, especialmente en todo lo que tiene que ver con el sufragio universal. Quisiéramos informarle, señora Presidenta, que en ese sentido durante decenios, por extraño que parezca, los chilenos en el exterior nos vimos obligados a violar jurídicamente la ley de ciudadanía, no precisamente por nuestra culpa. Porque esa ley, en su artículo 13 establecía claramente que:

"La calidad de ciudadano otorga los derechos de sufragio, de optar a cargos de elección popular y los demás que la Constitución o la ley confieran."

E inmediatamente, en su artículo 15, especificaba que:

"En las votaciones populares, el sufragio será personal, igualitario y secreto. Para los ciudadanos será, además, obligatorio."

O sea que, constitucional, o jurídicamente, el sufragio, en ciertos casos, además de ser un derecho, se convertía de facto y de jure en un deber. En un deber que, por razones comprensibles y archisabidas, los chilenos en el exterior, y más aún, en Rusia, no estábamos en condiciones de cumplir. No porque no quisiéramos, sino porque el Estado chileno, imponiéndonos el deber, no creaba las condiciones para cumplirlo. Lógico, eran otros tiempos. No obstante...

No obstante, Chile volvió a la democracia desde hace ya casi un par de decenios, pero en el problema del sufragio de los chilenos en el exterior (obligatorio o no) no hubo el más mínimo progreso. Hasta hace un tiempo en ciertos medios políticos y sociales chilenos veníamos observando los mismos argumentos carentes de sentido, dándose incluso el caso de personeros públicos bastante conocidos que, sin fundamento legal alguno, durante años elucubraron sobre la posibilidad de "concedernos" o no el derecho a voto, creándose de ese modo, intencionadamente o no, una imagen tergiversada acerca de nuestra situación jurídica. Como si jamás hubieran leído la Constitución chilena quienes se manifiestan a favor o en contra de nuestros derechos y deberes. O como si no comprendieran que, por el solo hecho de convertir los deberes y derechos del ciudadano en objeto de promociones políticas, o de politiquería lisa y llanamente, ellos mismos están infringiendo la ley. Y están obligando a infringirla al Estado que representan. En primer lugar, porque los chilenos en el exterior jamás les pedimos que nos concedieran como ciudadanos lo que ya la Constitución misma estipula. Y en segundo lugar, porque con su proceder han creado en la práctica un precedente lamentable para nuestro país: el de que en Chile, respecto al sufragio universal pueda haber ciudadanos de primera y de segunda categoría. Es decir, con derechos o sin ellos.

La reforma constitucional que se ha estado llevando a cabo este año es un logro innegable, porque convierte el sufragio en un acto voluntario. De jure, en un derecho, como siempre tuvo que serlo. Pero precisamente ahora sale a primer plano la cláusula constitucional sobre el deber del Estado de garantizar y promover el usufructo de ese derecho a todos los ciudadanos, estén donde estén. En este sentido, sin pretensiones de impartir consejos gratuitos, los chilenos en Rusia consideramos que podría tomarse como probable modelo a aplicar la experiencia de Rusia, cuyos ciudadanos hacen usufructo de su derecho a sufragio no sólo en el interior del país como tal, sino también en todo lugar que sea considerado territorio de presencia rusa: en las embajadas, en las bases antárticas, en los barcos, en los aviones y hasta en las naves y en las estaciones orbitales o espaciales rusas, como hicieron para las elecciones presidenciales los cosmonautas que se encontraban en la órbita en aquel momento. O la experiencia de España, cuya ley le permite al ciudadano ejercer su derecho a sufragio incluso por correspondencia, ya sea por carta o por telegrama. Tampoco sería mala idea la de recurrir para ese efecto a la red mundial de comunicación, es decir, al Internet, mediante el cual el derecho podría garantizarse sin demasiados problemas a los chilenos en el exterior.

De no hacerse nada en ese sentido, el Estado chileno tendría que seguir violando su propia Constitución, o sencillamente tendría que quitarnos de algún modo ilegal nuestra calidad de ciudadanos.


Señora Presidenta, otro asunto que nos preocupa a los chilenos en Rusia está relacionado con los plazos de vigencia de nuestros pasaportes, que se otorgan por un máximo de cinco años. Toca la casualidad que la ley rusa nos concede a los ciudadanos chilenos, y en general a los extranjeros residentes en Rusia, un máximo plazo de cinco años para la vigencia de nuestra documentación rusa, ajustándose ese plazo a la vigencia de la documentación nacional de cada quien, resolución evidentemente incómoda, pues al coincidir ambos plazos de vigencia, el del documento ruso con el del pasaporte chileno, en el momento de prolongar nuestra estadía legal en Rusia, no tenemos documento válido alguno para hacerlo. Más aún, si se toma en consideración que la ley rusa nos exige que comencemos los trámites legales para el efecto con medio año de anticipación al vencimiento de la vigencia de nuestra documentación rusa. So pena de multa o deportación. Tales inconvenientes ponen en peligro nuestro status de chilenos residentes en Rusia. Por eso aquí decidimos hablar de este asunto. Nosotros no podemos imponerle exigencias jurídicas al país que nos ha acogido, pero, sí, en nuestra calidad de ciudadanos chilenos, consideramos acertado poner en conocimiento de nuestros propios gobernantes el problema. Entre las posibles soluciones que los chilenos en Rusia vemos como factibles y eficaces figuran un aceleramiento verdadero en el asunto burocrático, para que la renovación del pasaporte chileno no dependa del capricho de algún funcionario y deje de ser un acto casi místico por lo arduo.


EJEMPLOS:

 

- El compatriota Máximo de Salinas, de la ciudad de Kazán estuvo detrás del trámite de pasaporte para su hijo un año y medio, y debió viajar 10 veces desde esa lejana ciudad a Moscú, ya sea para repetir la foto, o por la huella digital, o por una rayita fuera de celda. Además de que eso implica un gasto fuerte en dinero, es un desgaste moral ante el hijo y para el hijo. Estos últimos en la mayoría de los casos desechan la opción de continuar, prácticamente, luchando por adquirir documentos chilenos. Ni las quejas nuestras, ni las del consulado hacen entender al Gabinete de Identificación en Chile sobre el daño que provocan en las almas de esos niños y jóvenes que ven frustrado su derecho a la nacionalidad.

 

- Juan Rojas ya va para los dos años de trámite, los hijos de Eliecer Romo y muchos niños de regiones lo mismo...


Habría que introducir cambios en los plazos de vigencia del pasaporte, los cuales tienen que ser más prolongados y adecuados a nuestras necesidades reales. Y claro, tampoco descontamos que se establezcan los más diversos acuerdos al más alto nivel entre Chile y Rusia. Entre Chile y otros países donde la situación de nuestros compatriotas sea similar a la nuestra. De que esos acuerdos a alto nivel son posibles con Rusia, nos convencen los acuerdos de régimen de ingreso sin visa, que ya se han establecido entre Rusia y siete países latinoamericanos. A saber: Argentina, Brasil, Ecuador, Venezuela, Cuba, Perú, Nicaragua.  En este aspecto, nos asombra ver cuán poco ágiles han sido hasta ahora los pasos dados por Chile en los veinte años últimos, como si nuestro país se sintiera satisfecho con su papel de eterno rezagado, conducta absolutamente privada de fundamento, puesto que Chile es el país latinoamericano de mayor y más numerosa emigración forzada.

Señora Presidenta, desde hace muchos años los chilenos en el exterior venimos oyendo de políticos y funcionarios chilenos palabras bastante positivas respecto a lo que la emigración significa para Chile. Generalmente esas palabras se pronuncian en vísperas de diversas elecciones, locales o nacionales.  Con frecuencia oímos decir que los emigrantes formamos la decimocuarta (hoy decimosexta) región del país. Y cierta razón hay en esas afirmaciones, puesto que casi un millón de chilenos en el exterior son una fuerza innegable, la cual desgraciadamente está hoy entregando su potencial a otros países, cuando podría ser utilizada al máximo en interés de nuestra Patria. Sin embargo, en Chile se acaban las elecciones, y sólo una minoría de chilenos, es decir, aquellos que fueran sinceros en sus intenciones, vuelven a acordarse de nosotros. ¡Cuánto beneficio para el país se podría obtener si se aprovechara la fuerza que representamos! Un millón de chilenos constituimos más del seis por ciento de la población del país, entre nosotros hay especialistas en todas las ramas del saber, que bajo el patrocinio del Estado chileno, en el exterior podrían desempeñarse satisfactoriamente en empresas de todo tipo, en organizaciones públicas y sociales, en medios de comunicación e información, e incluso, en las embajadas y consulados chilenos. Claro, cabe reconocer que, de todas maneras, el Estado chileno ha adoptado medidas útiles en su contacto con la emigración, prueba de ello es que se han creado organizaciones estatales aparentemente orientadas a integrar al haber chileno a los compatriotas en el exilio. En primer lugar, DICOEX. Desgraciadamente, esas medidas pecan de excesivo paternalismo, pues en cada caso implican hechos consumados e indiscutibles, y quienes las adoptan jamás les han preguntado su opinión al respecto a los chilenos del exterior. Seguramente desde su calificada altura ellos saben ver mucho mejor que nosotros nuestra situación, y por eso no necesitan de nuestras opiniones, y a la hora de decidir a quiénes y a qué han de prestar su apoyo, prefieren patrocinar cursos de costura o de cocina, en lugar de impulsar los cursos gratuitos de castellano para los hijos y nietos de chilenos nacidos en el exilio.

Concursando en DICOEX para que nos apoyaran en nuestro afán de enseñar a nuestros hijos y nietos el castellano, nos gastamos tres años en vanos intentos, derrotados siempre por la idea de DICOEX de que la costura es más importante que nuestro idioma materno. Quizá así hubiéramos seguido, de no haber sido por la intervención del señor Augusto Parra, el embajador de Chile en Rusia, quien por su propia cuenta y riesgo dio su visto bueno para que en la Embajada de Chile se nos concediera un local gratuito en el cual pudiéramos organizar los cursos de castellano. ¡Gracias de corazón, señor Parra! ¡Gracias de parte de todos los chilenos en Rusia, de parte de nuestros hijos y nuestros nietos!

Señora Presidenta, en lugar de organizaciones como DICOEX que no son eficaces pues sólo especulan con la nostalgia, gastan fondos en vano y no alcanzan verdaderos objetivos, lo que realmente necesitamos en el exterior los chilenos es, por ejemplo, un canal abierto de televisión chilena, un canal gratuito financiado por el Estado chileno, un canal que le muestre al mundo nuestra cultura, nuestra economía y nuestro haber político, y que les muestre a los chilenos en el interior del país los mejores logros de sus compatriotas en el exterior. Ese sí sería un modo de regresarnos a todos a la Patria, si no físicamente, por lo menos en nuestras obras y nuestro sentir. Además, si se llegara a realizar una obra así, se produciría una verdadera apertura cultural, económica y hasta turística de Chile, con el consiguiente beneficio que ello implicaría.

Señora Presidenta, el último asunto urgente que hoy quisiéramos exponer a su consideración incumbe no sólo a los chilenos emigrados, sino también a todo chileno que hoy desee salir al exterior, a cualquier país del mundo, sobre todo a Europa. Ese asunto tiene que ver con la seguridad personal de cada compatriota nuestro que emprenda viaje al extranjero. Sobre todo, a España.

De un tiempo a esta parte, más exactamente, desde el momento que España pasó a integrar la Unión Europea, las autoridades de ese país han desatado en su territorio un verdadero e incomprensible acoso contra los latinoamericanos, chilenos incluidos. En este punto, no consideramos necesario suavizar los detalles de algo que podríamos calificar de racismo, pero de racismo encubierto por razones aparentemente legales. Víctimas de ese acoso han sido compatriotas procedentes de los más diversos ámbitos de nuestra sociedad. Aunque jamás violaron las reglas legales de ingreso a España, muchos chilenos han sido detenidos por la policía en el aeropuerto mismo, interrogados y luego, deportados sin la más mínima consideración. Pero, ¿qué peligro pueden implicar escolares, amas de casa o simples ciudadanos chilenos que, cumpliendo todos los requisitos legales, llegan en viaje turístico a España para visitar un país que hasta hace un tiempo incluso se autodenominaba nuestra Madre Patria? Como fuere, ya son demasiados los casos ocurridos. Tomando en consideración que hasta hoy no han sido derogados los acuerdos bilaterales que desde hace ya muchos años existen entre los países latinoamericanos y España, sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que precisamente las autoridades españolas son las infractoras de esos acuerdos, que entre otras cosas contemplan franquicias especiales para el ingreso de españoles a Chile y de chilenos, a España.

Señora Presidenta, un tiempo atrás las autoridades rusas retuvieron a la chilena Roxana Contreras, en Vorónezh, por desconocer ésta ciertas reglas de aduanas de la Federación Rusa. El Estado chileno reaccionó entonces enérgicamente en defensa de nuestra compatriota, recurriendo, según se dijo, a los mismos recursos que otrora se emplearan cuando las autoridades españolas le exigieron a Inglaterra la extradición de Augusto Pinochet a España. El caso de Roxana, que podía haber degenerado en grave problema y hasta en tragedia, no pasó así de ser un malentendido. Los chilenos en Rusia, que mediante nuestra Asociación y con todos nuestros modestos recursos entonces también apoyamos a Roxana, vimos con satisfacción el hecho de que la Cancillería chilena tomara cartas en el asunto a través de un representante plenipotenciario. También oímos con regocijo lo que se nos dijo respecto a que el Estado chileno observaría en adelante igual conducta en defensa de los intereses de sus ciudadanos en el exterior, se tratara de quien se tratara. Así, según creímos entender, se creaba un precedente de conducta oficial por parte de Chile, que en adelante defendería de modo real los intereses de sus ciudadanos en el extranjero.

Desgraciadamente, señora Presidenta, precisamente ese precedente fue hace dos meses absolutamente desmentido por la actitud del señor Gonzalo Martner, el nuevo embajador de Chile en España. Tenemos en nuestro poder el acta de la reunión que el 16 de enero del 2009 efectuaron con dicho embajador representantes de diversas Asociaciones de chilenos en España (a saber, de la ACHE, la FEDACHE, La Asociación de Chilenos en Málaga, etc.). Al ventilarse el tema de la protección legal de los ciudadanos chilenos en España ante el arbitrio policial, el señor Martner manifestó, textualmente, que "la labor del embajador no es cambiar las normas españolas sólo comprenderlas y acatarlas". El Sr. embajador manifiesta su interés por un trabajo en conjunto de la embajada y los consulados, con las distintas asociaciones de chilenos, pero pide que no se confundan las decisiones que toma el gobierno español, con el trabajo que deben hacer un cónsul o un embajador.

Las asociaciones enfatizan al embajador el deseo de estar al servicio de la comunidad, piden que exista un abogado oficial para atender los casos de los chilenos en España que sufran problemas de extranjería, tanto quienes ya residen cuanto quienes estén de turistas o de paso. Se comenta el caso de la embajada de Uruguay, que ha contratado un bufete de abogados para tratar todos los problemas que afecten a sus ciudadanos en España.

El embajador reitera que la Embajada se rige por las leyes españolas. Estas no se pueden cambiar y se acatan, y en cuanto a los problemas que afectan a los inmigrantes chilenos, señala que el respetará todas las medidas que tomen las autoridades españolas, y que no está dispuesto a financiar abogados que litiguen contra el reino de España por temas de extranjería.

Con ejemplos concretos, se le mencionan los convenios bilaterales aun vigentes entre Chile y España, y la necesidad de estar bien informados respecto a las leyes y convenios que amparan a los chilenos. El embajador responde que no se puede hablar en base a los convenios antiguos, ya que las leyes actuales, en especial las del convenio de Schengen y las directivas Europeas predominan sobre los convenios bilaterales suscritos con anterioridad.

Señora Presidenta, muchas otras cosas se hablaron en aquella reunión, y en todos los casos la posición adoptada por el embajador deja mucho que desear, pues no contribuye precisamente a salvaguardar el honor y la dignidad de nuestro país y de nuestros compatriotas. Como si su único papel de él hubiera sido el de contestar, a cualquier propuesta: "¡Sálvese quien pueda!" Al final, la absoluta mayoría de los representantes de las asociaciones chilenas se quedaron con la extraña impresión de haber estado oyendo a un representante de las autoridades españolas, que no a un embajador plenipotenciario de Chile.

Y por último, señora Presidenta, queremos recalcar que para nosotros constituye un axioma indudable que la Asociación de Chilenos en Rusia no pretende, con sus actividades y sus palabras, criticar a nadie, sino sólo manifestar sus inquietudes y, hasta cierto punto, sus necesidades para el bien de nuestro país. No vamos a negar que en Chile existen círculos y gentes que a cada rato nos están aconsejando que hagamos nuestra propia vida aparte, que dejemos ya de preocuparnos por un país en el que no vivimos y al cual ya no sentimos, que no opinemos sobre lo que no conocemos, etc. Evidente que tales "consejos" nos hieren en lo más profundo, y no los aceptamos, porque sería como aceptar el absurdo de que hay en el mundo chilenos que tienen derecho a querer y tener su Patria, y que hay otros chilenos que no se merecen ese derecho ni menos se merecen defenderla y ser defendidos por ella.

Señora Presidenta, una vez más de corazón le reiteramos nuestra bienvenida a Moscú, y le deseamos un buen regreso a la Patria.

Ahora y siempre, ¡viva Chile!



Por la Asociación de Chilenos en Rusia
Leo Plaza
Presidente de la Asociación 


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