PINOCHET DE NUEVO EN LA NOTICIA

Es inevitable: lo que le suceda a Pinochet, lo que haga o no haga es noticia de primera plana en Chile, despierta emociones y polémica. Lo curioso es que también ocupa con frecuencia los primeros lugares en los medios noticiosos del mundo entero. Pinochet sigue siendo el dictador emblemático del siglo XX.
 
El domingo pasado fue internado con urgencia en el Hospital Militar de Santiago, donde se informó que padecía un infarto del miocardio, es decir, un ataque al corazón de extrema gravedad. Durante algunas horas, se consideró que era inminente la muerte de este hombre de 91 años que sufre además de diabetes, hipertensión y otros problemas serios de salud.
 
Se informó que se le había practicado una angioplastía, intervención relativamente poco riesgosa, para ensanchar alguna de las arterias que llevan sangre al corazón. El suspenso aumentó cuando se dijo que debería ser sometido más tarde el mismo día a una operación de corazón abierto, con grave riesgo para su vida.
 
Pero con el paso de las horas, el paciente tuvo una recuperación que sus partidarios calificaron de “milagro” y que atribuyeron a una intervención directa de Dios. En el Hospital Militar se anunció que no se haría la operación anunciada y que su estado mejoraba. Ayer el médico jefe de dicho hospital agregó que respira y se alimenta normalmente por sus propios medios, conversa con personas que lo visitan y que en el día pudo desplazarse y se sentó en tres ocasiones en un sillón. Estimó que podrá ser dado de alta y regresar a su casa en unos siete días más.
 
La veloz recuperación del anciano ex dictador despertó sospechas entre los abogados de derechos humanos y franca incredulidad entre los familiares de las víctimas de la represión. Se señaló que en varias ocasiones anteriores, Pinochet hizo uso de quebrantos reales o fingidos de su salud para evadir responsabilidades en diversos procesos judiciales. Cuando estuvo detenido en Londres, en 1998, el argumento empleado por el gobierno británico para no someterlo a juicio y enviarlo de regreso a Chile fue el grave estado de su salud. Al llegar a territorio chileno, el ex dictador fue sacado del avión en una silla de ruedas pero luego, se puso de pie y caminó marcialmente, erguido, blandiendo un bastón como saludo a sus colegas militares y a los familiares que habían concurrido a esperarlo.
 
El abogado Hugo Gutiérrez, a cargo de varios procesos contra Pinochet por violaciones de derechos humanos anunció que pedirá al Sevicio Médico Legal que investigue si la situación de Pinochet en el Hospital Militar se ajustó realmente a los procedimientos médicos regulares o si fue un montaje con fines publicitarios.
 
La posibilidad de que Pinochet fallezca en un futuro próximo desató otra controversia. El comandante en jefe del ejército general Oscar Izurieta declaró que a su muerte recibirá honores militares en su calidad de ex comandante en jefe de la institución. Por otra parte sus familiares y partidarios declararon que le corresponde un funeral oficial, con duelo nacional, por haber sido jefe de Estado. Al ser consultada la presidenta Michelle Bachelert dijo que le parecía de mal gusto comentar las posibles circunstancias del sepelio de una persona que está viva. La ministra de Defensa, Viviane Blanlot, por su parte, indicó dijo que le parecía normal que a su muerte el ejército le rinda honores y agregó que en tal ocasión ella estará junto a los militares.
 
En canales de televisión y medios de prensa escrita se recordó que Pinochet llegó al poder por medio de la fuerza y la violencia, derrocando al Presidente legítimo Salvador Allende, que nunca fue elegido en votación popular para el cargo de Presidente y que en la única ocasión en que quiso legitimarse por medio de un plebiscito, fue derrogado por amplio margen. Por lo tanto fue un gobernante de facto, un dictador y no cabe en ningún caso hacerle los honores de jefe de Estado.
 
La periodista Patricia Verdugo, cuyas columnas se publican en varios medios informativos escribió, por su parte: “El general Pinochet violó todas las leyes nacionales e internacionales, incluyendo la Convención de Ginebra, para perseguir a los disidentes a su dictadura. Ordenó asesinatos, desaparición de prisioneros, torturas. Todo ello está debidamente acreditado en los informes oficiales de las comisiones Rettig y Valech. Con aprobación del Congreso y con cargo a fondos del Estado, se han pagado y se pagan indemnizaciones a las víctimas y sus familias. Si el Estado ha reconocido las graves y sistemáticas violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la dictadura de Pinochet, ¿cómo es que el Estado va a rendir homenaje, a través del Ejército, a quien fue el jefe máximo de los agentes del Estado que cometieron tales crímenes? Respuesta: no puede hacerlo”.
 
En 1993, cuando era todavía comandante en jefe del ejército, Pinochet visitó China. Un monje le dijo allí que vivirá 100 años.
 
Es probable que se equivoque. Pero también es probable que la discusión y la diversidad de apreciaciones sobre el ex dictador continúe incluso más allá.
 


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