Se profundizó la desaceleración económica chilena

Carta Económica 19 de noviembre de 2006

Hugo Fazio

Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo2006 fue un año de notoria desaceleración económica. El Banco Central reconoció en estos días que “la actividad económica sigue mostrando un dinamismo reducido, por debajo del previsto y más allá de fenómenos puntuales en la industria y en la minería…”. Ya no resultaban creíbles los argumentos que oficialmente se repitieron durante todo el año. Sin embargo, no fue capaz –una vez más- de visualizar las razones de fondo de la desaceleración, limitándose a hablar de “un repunte en el crecimiento en el próximo año”, sobrevalorando los efectos del incremento a producirse en el gasto público. Chile ha perdido un nuevo año en un contexto extraordinariamente favorable. Los beneficiados con los factores externos de crecimiento son una minoría, la gran mayoría de los chilenos no ha sentido sus efectos.

Se profundizó la desaceleración económica

En el tercer trimestre la desaceleración económica, como era previsible, se aceleró*. El crecimiento del PIB en comparación con los mismos meses del año anterior, fue de sólo 3,2%, llevando así el incremento del producto en enero-septiembre a 4,3%, cifra marcadamente inferior a las últimas previsiones para 2006 realizadas por el Banco Central (4,75% a 5,25%) y el ministerio de Hacienda (5,0%), efectuadas cuando ya había transcurrido una buena parte del año. El promedio agosto-septiembre fue inferior a 3%. El ministro de Hacienda Andrés Velasco, al conocer el Indicador Mundial de Actividad Económica del Banco Central (Imacec) de septiembre se limitó a decir que el crecimiento en doce meses de apenas 2,8% “es bastante mayor que la que el mercado estaba esperando”.

Las reiteradas formulaciones de que el menor crecimiento económico es consecuencia de “hechos puntuales”, resultó más que nunca impresentable y la formulación de la máxima autoridad económica fue lamentable. “Me parece sorprendente -dijo en un seminario organizado por el Diario Financiero el economista de la Universidad de California Sebastián Edwards- que …las autoridades llamaran a no preocuparse… El punto central-añadió- es el tema del dólar y la enfermedad holandesa, porque un dólar bajo y poco competitivo ha hecho que una serie de proyectos que son rentables en el largo plazo no sean emprendidos y, al contrario, sean postergados, lo cual ha reducido la inversión… y reducido por tanto la tasa de crecimiento” (20/11/06).

El vicepresidente del Banco Central, José De Gregorio –en un seminario organizado por la Sofofa, El Mercurio y la Universidad del Desarrollo-, debió constatar que la inversión productiva “se frenó fuertemente”, cifrando su incremento en 2006 en “cerca” de 3%. Al mismo tiempo, De Gregorio, ratificó la visión del Banco Central de la existencia de una tasa de política monetaria –la cobrada por sus préstamos a los bancos comerciales- expansiva, sin explicar por qué en estas condiciones se derrumba la inversión, la producción industrial y numerosos otros sectores. La rigidez de la política fiscal llevó a desestimar apresuradamente la propuesta de la Comisión Económica y Social de la DC efectuada oportunamente para incrementar el gasto público en el segundo semestre, usando en un cierto monto el fuerte superávit fiscal acumulado. De haberse actuado en la forma propuesta, a lo menos, se habría frenado el proceso de desaceleración. La rigidez de la conducción fiscal ha sido absoluta.

En el cuarto trimestre, la desaceleración continuó. El Banco Central lo reconoció abiertamente en su reunión de política monetaria de noviembre, cuando resolvió mantener la tasa de interés en 5,25% nominal anual. “La actividad interna –constató- sigue mostrando un dinamismo reducido, por debajo del previsto y más allá de fenómenos puntuales en la industria y la minería” (17/11/06), reconociendo así lo equivocado de sus formulaciones anteriores. Ya dejaron de ser válidos los argumentos dados sólo dos meses antes. Los hechos puntuales no pueden repetirse mes a mes. Sin embargo, no analizó las causas de fondo de la desaceleración. En especial, siguió manifestándose la debilidad de la inversión productiva. En octubre, por cuarta vez en el año, las importaciones de bienes de capital descendieron en doce meses, experimentando una caída de 7,7%. Lo mismo había acontecido en abril, junio y julio, constituyendo un reflejo –como editorializó Estrategia- de la “débil situación que exhibe la demanda interna y la actividad económica”. (20/11/06)

El uso de políticas por el gobierno y el Banco Central para intentar detener el proceso descendente de la actividad económica es muy pobre. Resulta fundamental estimular la demanda interna, lo cual no se logra con un esquema fiscal cuyo objetivo prioritario es tener limitado el gasto público y generar elevados superávit presupuestarios, ni al no tener una acción efectiva para detener el proceso revaluatorio de la moneda nacional, que tiene en una situación muy aflictiva a vastos sectores económicos. Los hechos demostrativos de la necesidad de aumentar la demanda son muchos. “El declinante IPC –como escribió el columnista de Estrategia Enrique Goldfarb- revela claramente que no hay suficientes compras en el país, por otra parte –añadió- más de la mitad de la desfalleciente producción industrial está ligada al mercado interno” (10/11/06).

El consumo, en cambio, se mantiene por encima del producto, pero en un porcentaje creciente se orienta hacia la adquisición de productos importados aprovechando la revaluación y la reducción arancelaria, lo que limita su impacto en la producción nacional. Ello afecta, especialmente, a las medianas y pequeñas empresas que producen para el mercado interno al ser desplazados por bienes traídos desde el exterior. En el tercer trimestre el Indice de Ventas de Bienes Durables, de la Cámara de Comercio de Santiago y la consultora GFK Chile, aumentó en 10,4% anual, pero en ello fue determinante como indica el estudio “la revaluación de la moneda local (que) genera un efecto deflacionario, puesto que, en su carácter de bienes transables, los precios de estos productos expresados en moneda local experimentaron una reducción” (17/11/06). La situación deprimida de las pymes es uno de los factores determinantes de la desaceleración económica.

Los datos por regiones en los nueve primeros meses del año revelan que sólo cinco de ellas tuvieron niveles de crecimiento por encima del promedio nacional: Tarapacá, Atacama, Magallanes, O’Higgins y Los Lagos. La situación más deprimida se expresó en la II Región, con una reducción en el periodo de 2,2%, en lo cual influyó la paralización de Escondida y el derrumbe en Chuquicamata, en un cuadro general que ya antes de esos hechos evidenciaba claros síntomas de desaceleración. En el primer semestre, su crecimiento fue de apenas 2,9%, en comparación con los mismos meses del año anterior. En la V Región el incremento de la actividad económica en los nueve meses fue escasamente de 0,5%.

El curso de la economía es un nuevo factor en contra para enfrentar el drama del desempleo, que permanece muy alto desde la recesión de fines de los años noventa. Las nuevas series de empleo entregadas por el INE indican que por cada punto de crecimiento en el producto el empleo crece sólo en 0,67 punto porcentual, tasa inferior a la mostrada por la serie anterior, que entregaba como promedio para el lapso 1960-2004 una relación de 0,75.

La desaceleración se produjo en un contexto extraordinariamente favorable para el país, dada la tasa de crecimiento de la economía mundial, el alto precio del cobre y de otros recursos primarios exportados por Chile y el nivel de las tasas de interés externas. Las proyecciones de la economía mundial son a la desaceleración. Ya en el tercer trimestre, el PIB de EE.UU. creció sólo, con relación a los mismos meses del año anterior, en 1,6%, fundamentalmente por el estallido de la “burbuja inmobiliaria”, amortiguada en el último período por el nivel récord alcanzado en el mercado bursátil.

La Unión Europea no reemplazará el papel de “locomotora” desempeñado por EE.UU.. En 2006, las economías de la eurozona crecerán, de acuerdo al último informe semestral de la Comisión Europea, en 2,6%, incrementando su nivel de actividad principalmente por la intensificación de la inversión empresarial. Sin embargo, la estimación para 2007 es que su ritmo de crecimiento caería a 2,1%, a causa de las políticas contractivas de ajuste fiscal puestas en prácticas en sus tres mayores economías –Alemania, Francia y Italia- en su empeño por cumplir con el llamado Pacto de Estabilidad y Crecimiento que les obliga a reducir su déficit fiscal. Simultáneamente, el gobierno germano decidió elevar a partir del primero de enero el IVA en tres puntos, lo cual reducirá bruscamente la renta disponible de grandes capas de la población. Al mismo tiempo, el Banco de Inglaterra sigue subiendo su tasa de interés temiendo que se produzca un alza de la inflación. Por ello, como señaló editorialmente el diario español El País, el crecimiento de la eurozona “no será suficiente para compensar” la desaceleración estadounidense “porque el impulso de las principales economías de Europa también perderá fuelle en los próximos trimestres” (11/11/06).

Las tasas de inflación tanto en EE.UU. como en la Unión Europea en el mes de octubre, influidas en ambos casos por la caída en la cotización del petróleo en los mercados internacionales, descienden. En la mayor economía mundial –al igual que en Chile- la caída de los precios es también una consecuencia de la reducción en el crecimiento de su economía. Su IPC al anotar 1,3% en doce meses se colocó en el nivel más bajo desde junio de 2002, cuando recién se venía saliendo de un cuadro de recesión.

“Es claro –manifestó el economista norteamericano Barry Eichengreen- que EE.UU. se está desacelerando bastante y para que a la economía global no le pase lo mismo, otros países tienen que emerger. Muchos dicen que Europa y Japón pueden hacerlo, pero yo creo que tienen un margen muy limitado para eso, mientras que se está subestimando la severidad del enfriamiento de EE.UU. No predigo una recesión global, pero sí una desaceleración más severa y un aterrizaje más severo de lo que el consenso cree. Aún si vamos –concluyó de un crecimiento de 2,5% a uno de 1% sería bastante para la economía global. Las importaciones de EE.UU. se enfriarían, los términos de intercambio de América Latina se debilitarían… América Latina tendría que generar su crecimiento en casa” (12/11/06).

De ser así, Chile no habría aprovechado el boom de las “vacas gordas” para fortalecer la economía nacional y la economía mundial dejaría de “tirar” a la chilena. Por tanto, lo determinante pasaría a ser lo que acontezca internamente. El optimismo oficial de una reversión del proceso de desaceleración descansa en el incremento a producirse en el gasto público, de 8,9% y su impacto en la demanda interna. Sin embargo, la contracción experimentada en el crecimiento de la inversión productiva restringe la capacidad de responder a los incrementos en el gasto, particularmente en aquellos sectores afectados por la apreciación del peso y el mayor costo de la energía. Si la mayor demanda es satisfecha crecientemente desde el exterior, las deformaciones estructurales de la economía chilena se seguirán profundizando. De otra parte, se mostrará aún con más nitidez la pobreza de la conducta macroeconómica tanto del gobierno como del Banco Central. En pocas palabras, Chile perdió un nuevo año de una coyuntura externa extraordinariamente favorable. 2006 es un año -como admitió el director de Presupuestos Alberto Arenas- “que macroeconómicamente ya está jugado. (18/11/06).

* Véase “Resumen Económico Tercer Trimestre 2006”


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