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Noticias de CHILE:   Problemas maduros y nuevos protagonistas sociales


Marcel Garcés / La Nación

La sociedad chilena y sus círculos de poder económico, social y político fueron sorprendidos, en lo que se ha llamado la rebelión de los pingüinos, por un doble fenómeno socio-político. De una parte, la irrupción de una fuerza, los jóvenes secundarios que al exigir sus demandas sectoriales y nacionales paralizó a medio millón de jóvenes, desafió el orden establecido y mantuvo en jaque a la autoridad. De otra, la emergencia en la agenda de un problema -la calidad y la equidad de la enseñanza- y de peticiones sectoriales que mostraron una insatisfacción extendida. Para sintetizar, una situación objetiva, que no daba para más y una fuerza subjetiva (las organizaciones estudiantiles) que pusieron su voluntad para resolver la contradicción creada entre aspiraciones no resueltas y crisis ya madura.


La situación no sólo requiere un análisis histórico por el hecho de que se trata de una de las “amarras” dejadas por la dictadura y sus inspiradores ideológicos y económicos (la ultraderecha y los grupos de poder conservadores opusdeístas y sus congéneres). El fenómeno también supone la incapacidad de las elites políticas -Gobierno, partidos, Poder Legislativo, entidades sociales y académicas- de percibir a tiempo los fenómenos reales, objetivos, que estaban detrás del estallido.

Ellos pueden sintetizarse, en un orden no completo ni definitivo, en la madurez, amplitud y capacidad de los jóvenes como actores sociales, y en el hecho de que hay problemas cuya solución es no sólo inevitable sino urgente, al estar maduras las condiciones de la sociedad para enfrentarlos francamente. Hoy es la educación, el sistema previsional, la esencia antidemocrática del sistema binominal, pero en la lista habrá otros como la salud, la vivienda, el medioambiente, la violencia intrafamiliar, la inseguridad ciudadana, la justicia, los derechos humanos, etc.

Desde luego, ya hay anuncios de nuevas movilizaciones “sociales” y de sectores, en términos de ultimátum, de desafíos. La conquista de la democracia, una tarea de la cual pueden sentirse orgullosas las generaciones adultas del mundo político y social, ha hecho madurar a nuevos protagonistas, formados en la prédica de la justicia, la libertad, la transparencia, el derecho a desarrollar sus luchas, plantear sus demandas, en definitiva, asumir los nuevos protagonismos en la sociedad. Lo que estalló en la cara, sorprendiendo a muchos, fue el malestar y la frustración de un modelo educacional malvadamente instalado para eternizar la división clasista de quienes son preparados para ser trabajadores, obreros, empleados o cesantes, sin derechos y aquellos destinados por familia, apellido y hasta aspecto físico a ser la clase dirigente, la elite económica y social, “los destinados a mandar”.

En la eternización de la desigualdad, la falta de oportunidades, la inequidad -que constatan las estremecedoras estadísticas de la Cepal, la OIT o la Unesco- están las raíces del conflicto estudiantil y también en la crítica social al modelo de la así llamada Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza. Esta es la constatación del fenómeno, de los temas de fondo que deberá enfrentar la Comisión Asesora Presidencial de Educación, que la lucha de los estudiantes y la sensibilidad de la Presidenta Michelle Bachelet hicieron posible.

Pero hay que detenerse a pensar en otros aspectos, tanto sobre la problemática como la “solucionática”. Existe la certidumbre de que esto sorprendió a los círculos gubernamentales, en primer lugar al Ministerio de Educación, por lo que no pudo elaborarse de inmediato una estrategia respecto de su magnitud y esencia. Si los primeros pasos fueron titubeantes, lo más grave es que no se percibió con claridad la fortaleza, intenciones, capacidades de los interlocutores, y quizás no se les consideró, en una primera impresión, válidos.

Esto no es una responsabilidad exclusiva del ministro Martín Zilic, sino de quienes tenían el deber de prevenir la situación, de hacer oportunos pronósticos sobre la crisis que se veía venir. Sin descartar tampoco que pudiera no haber oídos receptivos a las voces de alerta. Todo Gobierno debe tener una eficiente inteligencia estratégica multidisciplinaria, con capacidad de prevención, pronóstico y elaboración de estrategias de solución de conflictos, es mucho más que una conducción interministerial.

El escenario con que se inicia el siglo XXI pone en el tapete nuevos fenómenos, temáticas, protagonistas y “formas de lucha” en busca de solución de las demandas. Los gobiernos serios -y los partidos en la medida de sus responsabilidades- deben reconocer la nueva índole de los conflictos, su carácter social, formas de organización horizontales, fortalezas y debilidades, capacidades de generar solidaridad nacional e internacional, innovadores sistemas de organización, toma de decisiones y las potencialidades de la tecnología.

Al mismo tiempo, debe percibir objetivamente a sus protagonistas, las modalidades inusitadas -según parece a quienes se han vuelto o siempre han sido fervientes discípulos del orden y la seguridad- de sus conductas, la complejidad y contradicciones aparentes de su pensamiento, y el carácter -a veces intransigente o hasta impertinente- que asumen.

Una adecuada visión de los fenómenos sociales, que por otro lado están en desarrollo, permitirá enfrentarlos como oportunidades para avanzar en la democracia, la libertad y la justicia. No cabe aquí quedarse en la suposición o la mera sospecha de las intencionalidades político-partidistas de determinadas demandas o líderes.

El movimiento secundario sin duda es profundamente político, en su más exacto y profundo sentido, y cada actor de Chile tiene derecho a tener su opinión. Otra cosa distinta es la manipulación con fines violentistas de determinados episodios, con la idea de generar detrás de los adolescentes y su justa lucha, peregrinas “situaciones insurreccionales” en el país, o de incitación al “demoronamiento del Estado”. Se trata de algunos prisioneros de un esquema premarxista, que convierte a los conflictos sociales en capítulos subordinados a un esquema violentista, y que pretenden, a partir de una posición minoritaria, desafiar a la democracia.

Fuente: La Nación / Jueves 29 de junio de 2006





Fecha: 2006-01-29

Por: Marcel Garcés

Fuente: La Nación

Fotos: La Nación

Idiomas: Russian language

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