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Deportes y Juventud:   Los goles que nunca fueron


Fernando González  y Michelle Bachelet por Olimpiadas 2008 (Imagen: 1457x1203) - Foto: www.gobierno.clViendo las Olimpíadas y otras competiciones internacionales, encontramos en las mismas una ausencia total de deportistas chilenos. Incluso en los deportes más populares en nuestro país, la presencia de chilenos en competiciones internacionales resulta insignificante. Un par de tenisistas que han tenido la suerte de situarse al debido nivel internacional sólo "endulzan" un poco la amargura de ver tanta indigencia deportiva. Claro, si nos ponemos racistas, fácilmente podemos conformarnos con esa situación, alegando que la raza misma no sirve. Que por nuestros parámetros antropológicos, no sabemos ni podemos correr, saltar, caminar, combatir, pensar, jugar, disparar, tirar, etc. etc. O sea, no sabemos todo lo que se necesita para competir bien, y por lo mismo, sería mejor que nos dedicáramos por entero a hacer la "hinchada" de los países "grandes", de aquellos países que no se hacen tantos problemas para darse de trompadas, puntapiés y saltos con quienquiera que sea. Así, nuestro único lugar en el deporte, además con ciertas salvedades,  se encuentra en la "galucha".
Porque resulta abismante la lista de disciplinas deportivas en que los chilenos NO han realizado absolutamente nada.
Pero ¿acaso realmente los parámetros antropológicos son determinantes? Nada más lejos de la realidad. En primer lugar, la "raza" chilena está constituida por todo un conglomerado de mezclas raciales, en las cuales falta sólo el elemento africano. En segundo lugar, si el asunto antropológico fuera tan importante, deberían ganar las competiciones internacionales de cualquier índole sólo los europeos, aparentemente más fuertes desde el punto de vista físico. No ocurre así.
A nuestro entender, el primer problema del deporte chileno procede de la sicología: porque los chilenos de antemano se han formado en ese ámbito una lista enorme de países a los cuales "respetan". O sea, a los cuales temen, lisa y llanamente. De ese modo, incluso equipos chilenos superiores en pericia, con mejor técnica y hasta con mejor estado físico tiran "generosamente" la toalla ya antes de empezar el partido, actitud que, por ejemplo, en el fútbol deviene evidente. En esa lista inconsciente de rivales "respetados" figuran obligatoriamente el Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, Alemania, Francia y...todos los demás países latinoamericanos, europeos, asiáticos y africanos  que algo significan en tan popular deporte. Por lo menos en lo que respecta a las relaciones con los primeros mencionados aquí, el resultado definitivo deviene catastrófico para los chilenos. Y ni hablar de los deportes de invierno, en los cuales si aparece algún representante de la larga y angosta faja lo hace sólo para poner la nota pintoresca, jocosa y hasta casi caricaturesca. Como ocurrió varios años atrás, no recuerdo en qué Olimpíada o Mundial de Invierno, donde un compatriota nuestro, dándoselas de esquiador, participó en descenso de velocidad, la más sencilla disciplina de ese deporte.
A sabiendas de lo que ocurriría, yo llamé a todos mis familiares rusos para que se acercaran a ver la "tele". Dizque, ahora sabrán ustedes de lo que son capaces mis paisanos esquiadores. Y para mayor efecto, saqué pecho y mostré mis músculos. ¡Y mi paisanito no me defraudó! Ni corto ni perezoso cobró velocidad, y en el primer viraje pasó derecho, y embistió las redes de contensión. Arrancando postes, destrozando redes, horadando la pista, se desprendió ladera abajo como un tremendo alud de nieves, hilos y maderos que rodaban con un solo chileno al medio. Pero... ¡qué chileno! Eso me dijeron mis familiares: "¡Qué chileno!", y hasta ahora me río toda vez que me acuerdo. ¡Qué duda cabe que todo el mundo notó tan excéntrica actuación! Después de la misma, los demás competidores tuvieron que esperar como una hora a que reconstruyeran la pista. ¿Y qué fue del gracioso? ¿Se rompió siquiera la crisma? ¡Qué va! Simplemente al final de su vertiginosa zambullida, se puso de pie, se sacudió los pedacitos de redes,  postes y esquíes, enderezó las plumas, se las limpió... y muy ufano se fue a buscar otras competiciones donde embarrarla. ¡Sin el más mínimo rasguño, que quizá siquiera en eso nos favorece la Divina Providencia!
Bueno, podría parecer una excepción lo que aquí hemos mencionado. Pero no lo es. Desgraciadamente el mal viene de lejos. Por ejemplo, por allá en mi infancia, los corifeos (o carifeos?) de la selección chilena de fútbol, apenas se veían en un partido más o menos importante, entablaban estrecha amistad con el travesaño y los verticales de la portería contraria, y no había caso de que el balón pegara en otro sitio. ¡Y qué respeto tan religioso por las redes! Darío Verdugo (sin ironías, no creo que ese apellido haya sido casual), Darío Verdugo, digo, perdía el aliento relatándonos por la radio las estremecedoras peripecias del evento. "Ataca éste, la pasa al otro, al de más allá, peliiigrooo, tiro de sorpresa y...goooooo..." Para después desilusionarnos con su típica frase de desaliento: "¡Gooool-pe en el palo!"  Y uno se quedaba gritando como estúpido, porque realmente por un instante había llegado a parecerle que los milagros existen.
¡Y existen, claro! Y por eso hasta ahora es famoso aquel feroz puntazo conque Eladio Rojas, el León de Arica, les regaló el tercer lugar en el Mundial del 62 a la selección y al país. Ese día Darío Verdugo lloró, y con él lloramos todos, hasta mi abuelo, que no lloraba ni cuando le caía humo revuelto con cebolla en los ojos. Lloramos porque eran tan raros esos momentos de felicidad. Yo, chiquito, lloraba con todos, aunque sentía enormes deseos de reír como si hubieran estado haciéndome cosquillas. Pero...
Dejémosnos de fútbol, y pasemos al deporte de los "combos". Creo que se llama boxeo o pugilato. No exagero si digo que en "eso" lo máximo que tuvimos fue Stevenson, no el gigantesco cubano, sino un chileno chiquito, peso "mosca", "liviano", "gallo" o qué sé yo. ¡Stevenson, pues! ¡Ese mismo chileno que por allá en los años sesenta del siglo pasado se atrevió a disputarle el título mundial al japonés Saíjo! Lógico, perdió. ¿Quién? Pues, Stevenson. Mi papá dijo que "peleando como un valiente". Y toda la culpa de esa derrota la tuvo el árbitro. En eso convinimos todos, y nos marchamos a nuestros asuntos. Yo, a hacer las tareas de la escuela.
Bueno, terceros en fútbol, más una derrota al disputar el título mundial en boxeo. No es mucho para un país entero. Pero ¡qué enorme entusiasmo provocaron esos dos milagros! Un tercer lugar en fútbol. Un combate pugilístico perdido. Y no obstante, todos andábamos dándole feroces puntazos a la pelota de trapo, como los de Eladio Rojas, y tirando "combos" al aire, como Stevenson. Y si entonces alguien nos hubiera apoyado en ese entusiasmo deportivo, si siquiera nos hubieran regalado una pelota de verdad o unos guantes de boxeo, nosotros...
Bueno, digo que aquí hemos llegado desgraciadamente al otro problema más importante del deportista chileno. ¡Nunca ha tenido una base de apoyo seria! Y hasta cierto punto, sólo en el fútbol ha logrado alcanzar cierta fuerza como para salir a la caza de quimeras quasi reales. El resto han sido siempre sólo indigencia, fantasías de soñadores y logros individuales de entusiastas que todo lo sacrifican por hacer algo en pro del deporte.
¿Y cómo están esos asuntos en otros países? Sencillo, allí donde la gente se ocupa de los mismos, el deporte progresa, y donde todo se deja a la buena de Dios, ocurre lo mismo que en Chile. Por ejemplo, Croatia. En las Olimpíadas de China salió a las finales en balonmano. Hablando de eso, cierto comentarista dijo: "He visto personalmente en Croatia muchas canchas de balonmano, y a niños jugando entusiasmados, según todas las reglas del juego."
¿Dónde están las canchas de balonmano en Chile? ¡Ya! Deberían de estar precisamente allí donde don Chuma, el muy "emprendedor", plantó viñedos. ¿Y los implementos para jugar balonmano? ¿Otra vez, la pelotilla de trapo y "a pata pelá"? A propósito, los croatas venían saliendo de una guerra civil  devastadora, cuando el comentarista mencionado anteriormente vió las canchas de balonmano.
Por cierto que confiar únicamente en el entusiasmo de los niños no pasa de ser un desatino. Se necesitan: escuelas deportivas, implementos y campos deportivos.
En las escuelas debe haber:
-entrenadores especializados,
-especialistas en preparación física,
-psicólogos,
-médicos deportivos,
-maestros de teoría y práctica del movimiento físico,
-masajistas,
-árbitros de alta calificación,
-maestros en todos los ramos escolares,  etc.

¡Y todo eso, estimados, ya viene siendo asunto de la competencia estatal! (a propósito, quizá entonces, los chilenos aprenderíamos que "competencia" y "competición" no son la misma cosa, y competiríamos mucho mejor a todos los niveles).
Repito: COMPETENCIA ESTATAL. Y ese es el secreto, porque en deporte las empresas particulares sólo pueden ser calculadas para individuos o para pequeñas colectividades. Nunca, para un país.
Los rusos, por ejemplo, hasta ahora cuentan con un Ministerio del Deporte y la Preparación Física, en el cual, lógicamente, se desempeña un ministro auténtico, con todas las atribuciones para desarrollar ese ámbito de la vida del país. "El deporte  -nos dicen- es asunto de importancia estatal y nacional." Y no sólo lo dicen, sino también consolidan la afirmación a nivel oficial. Y por eso al Ministerio se subordinan todas las Federaciones de los más diversos deportes, sin excepción. Y las mismas reciben el correspondiente financiamiento. ¡Y nótese que hace ya mucho rato que los rusos dejaron de ser socialistas! Además, también Rusia ha pasado por un verdadero cataclismo social y económico en los veinte años últimos. Y no obstante, incluso en los más difíciles momentos, la gente y el Estado trataron de conservar los logros del deporte, porque los consideran parte de la salud social y del prestigio nacional, asuntos importantes si uno quiere ser respetado. Incluso en un momento en que en el país la situación devino crítica, cuando faltaba de todo, hasta el pan, los atletas rusos seguían conquistando medallas de oro en las Olimpíadas. Y hasta un gobernante tan desatinado como Yeltsin se empecinó en desarrollar, por ejemplo, el tenis. ¿Resultados de esa preocupación general? Pues, las tenisistas rusas ganaron los tres primeros lugares en las Olimpíadas de China. Y todo el equipo ruso olímpico, aunque con menos éxito que en otras competiciones, resultó tercero en el mundo por la cantidad de medallas ganadas.
¿Qué vemos en el caso de Chile? ¡Absolutamente nada! Ni siquiera después de haber tenido un periodo de relativa calma económica y social. El deporte chileno sigue relegado al mismo vergonzoso nivel de hace cuarenta o cincuenta años. Y lógico, con muchísimo bullicio y emoción, a tambor y platillo,  acogemos triunfos mínimos. Una sola medalla de plata en las Olimpíadas ya es motivo para andar vociferando en cada esquina de alegría, cuando habría que soltar el llanto. Indudablemente, el Feña es un héroe, porque la medalla es resultado exclusivo de su propio y personal esfuerzo. Pero...  necesitamos deportistas.
Dígase lo que se diga, nadie quiere entender que los éxitos deportivos en cualquier país contribuyen a fortalecer la conciencia y la dignidad nacionales. Y son mucho más significativos cuando están financiados e inspirados por toda la ciudadanía O sea, por el Estado.
Chile posee todas las condiciones para convertirse en una potencia deportiva. Hay de todo: intelecto, medios económicos y afán de competir y defender el honor nacional. Porque eso último es precisamente lo que sentimos cuando alguno de nuestros compatriotas alcanza siquiera logros mínimos a nivel internacional.
"Bueno, bueno, no exageres. ¿Medios económicos, dices? ¿Y de dónde los vamos a sacar?"
¿De dónde? Pues, de una economía nacional bien administrada. Dejémosnos de enriquecer y alimentar a los yanquis a costa de asumir la miseria entregando por nada nuestras riquezas básicas. Mirando las Olimpíadas de China, sobre todo el fornido equipo estadounidense, se me ocurrió de repente una idea tremenda: ¿cuántas medallas olímpicas se han ganado ellos, digo, los norteamericanos, a costa nuestra? ¿Financiadas por el dinero que TUVO que ser nuestro? ¡Basta ya! Dejémosnos de destruir el sistema educacional, la cultura y el deporte, como si en lugar de chilenos fuéramos advenedizos a quienes no les interesa para nada el país, como no sea para enriquecerse personalmente.
Estimados compatriotas (y gobernantes chilenos, entre otros), el verdadero  patriotismo chileno no consiste en andar gritando "Viva Chile" por cosas mínimas, sino en hacer lo máximo y lo más adecuado para que Chile realmente viva.

Eugenio Aguilera,  27 de agosto del 2008



Fecha: 2008-09-05

Por: Eugenio Aguilera

Idiomas: Russian language

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Jorge
[23 abril 2012] - Lunes

Hola, me gustó el contenido de tu publicación, y la voy a complementar... el púgil al que te refieres, nos dio tantas satisfacciones como Martín Vargas, solo que en esos años, (década entre el 60 y 70) no había tanta televisión, en el año 62 para el mundial de futbol, llegaron los primeros televisores... El se llama Godfrey Stevens, peso pluma, lo que llamaban estilista por su forma tan limpia de pelear, fue campeón sudamericano por muchos años, y en enero del 70, disputando el título mundial en Japón, tenía tan mal al campeón, que en su rincón para reanimarlo le tiraban mucha agua, y Stevens "resbaló" en esa agua, y cayó a la lona, y el arbitro le contó como si ubiese sido con golpe... eso lo hizo perder por puntos... actualmente vive en Australia... GODFREY STEVENS


Tío Eugenio
[20 octubre 2008] - Lunes
Sí, sobrina. Noventa y ocho años sin ganar a los argentinos me parecen más milagro que el haberlos ganado ahora. Otro par de años, y sería un siglo. Y a propósito, parece que el entrenador de la selección, Bielsa, es argentino, ¿verdad? Y eso ya empieza a ser significativo. Digo (haciendo un paralelo) que cuando empezó a entrenar la selección rusa un holandés, los rusos en el Campeonato de Europa hicieron trizas... a los holandeses. Creo que es algo parecido al fenómeno chileno. Yo me alegraría mucho más por los triunfos ante Bolivia y Venezuela, que sí muestran la verdadera fuerza de la selección. Bueno, creo que podrán clasificar los chilenos, siempre y cuando a última hora no les enturbie la mente el complejo de inferioridad.

PRISCILA VILLALOBOS AGUILERA
[17 octubre 2008] - Viernes
TIO ESTOY TOTAL Y COMPLETAMENTE DE ACUERDO CON USTED PERO COMO LOS MILAGROS EXISTEN Y PARA ESO SI QUE LOS CHILENOS TENEMOS SUERTE .... PODRIAMOS ENTONCES GRITAR VIVA CHILE ESTA VEZ POR EL TRIUNFO ANTE ARGENTINA EL MIERCOLES 15 DE OCTUBRE Y DEJAR DE MALOGRARNOS X UN SEGUNDO........JA JA JA, HAY QUE SER FELIZ MIENTRAS DURE NO CREE USTED........

manuel
[12 octubre 2008] - Domingo
no existe nada ni ley ni institucion que trate de levantar el deporte.la institucion chile-deportes es una utopia , lo unico que ha hecho es corrupcion gastandose la plata en cualquier cosa menos en levantar el deporte la autoridades posan como grandes impulsores del deporte pero todo es una falsa postura cuyo fin es engañar a los incautos.no existe politicas de gobierno para favorecer el deporte solo engañosos manejos

juan pablo flores
[12 octubre 2008] - Domingo

Aqui en Chilito anda un chiste sobre la olimpiada.
"A nosotros nos ha ido como el olim...PICO"


Euge.
[2 octubre 2008] - Jueves
Oye, Leo, ¿tú no estudiaste para sacerdote? :)

Leo
[29 septiembre 2008] - Lunes

Eugenio, estás equivocado!... Me encanta poder decirles esto a los escritores, periodistas, intelectuales de la pluma... Suena bien - «estás equivocado».
Eugenio, ya van tres personas que me han comentado el artículo, Patricio Cuevas es uno de los que comentó lo acertado de tus palabras. Otros han sido elogios por el estilo, por el título, en fin, el que no dejen comentarios no quiere decir que no lo lean. Todo lo que escribes son artículos interesantes!


Eugenio
[29 septiembre 2008] - Lunes
Leo, aparentemente este artículo no encuentra su lector. Si en los próximos días no aparece reacción alguna, quítalo sin compasión. Parece que el asunto deportivo en Chile está aún peor de lo que aquí se dice. Gracias.

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